Sustentabilidad de la produccion e introduccion de Etanol Anhidro de caña de azucar (Saccharum Officinarum L.) como carburante automotriz en el Distrito Federal
Date
2002
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Publisher
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Abstract
La industria azucarera mundial, incluida la de América Latina y el Caribe, enfrenta una aguda crisis económica que obedece a diversos factores, entre los que intervienen los comportamientos comerciales de bloques de países tanto importadores como exportadores de azúcar, la expansión mundial del área de cultivo de caña de azúcar, así como el carácter estratégico que se le ha asignado a este producto. Aunado a esto diversos países, principalmente los de mayor poder adquisitivo exhiben una tendencia a la reducción del consumo de azúcar, lo que influye de manera importante en la dinámica comercial del azúcar (CFC et al., 1999). Entre las principales amenazas que enfrenta el sector azucarero destaca el proteccionismo del azúcar, principalmente de los grandes mercados de los Estados Unidos, Europa y Japón, asociado al proceso de liberación comercial, la fuerte presencia en el mercado de sustitutos del azúcar, particularmente de jarabe de maíz rico en fructuosa, así como un mayor uso de edulcolorantes no calóricos (García-Chávez, 1998). Al inicio de la década de 1970, todos los países latinoamericanos eran exportadores de azúcar y los europeos, importadores. Actualmente de los primeros apenas siguen siendo exportadores, Brasil, Guatemala, Colombia, Cuba y México, mientras que la Unión Europea es el principal exportador de azúcar. Paradójicamente diversos países han desarrollado una política generalizada de autosuficiencia, lo que se relaciona con un pequeño volumen del mercado libre del dulce. Aunado a lo anterior afecta severamente a la agroindustria la gran volatilidad de los precios del azúcar y de la melaza (CFC et al., 1999). En México la agroindustria cañero-azucarera enfrenta desde hace años diversos problemas estructurales que se han agudizado con el proceso de liberación comercial que vive el país. Los inventarios voluminosos de azúcar en elmercado nacional (por importaciones excesivas), un mercado interno contraído, la carencia de financiamiento y la ausencia de un programa efectivo para modernizar los sectores agrícola, industrial y comercial de la agroindustria, han traído como consecuencia que un buen número de ingenios del país estén al borde de la quiebra, poniendo en alto riesgo la subsistencia de numerosas familias que dependen de esta actividad (García-Chávez, 1997). Autores como García Chávez (1997) resaltan la importancia de la agroindustria azucarera para el país, ya que de ella dependen de forma directa aproximadamente 300 mil familias, el 74% de las cuales se ubica en el medio rural. Más de 136 mil productores de caña y más de 85 mil cortadores laboran en una superficie de cultivo mayor a las 600 mil hectáreas, distribuidas en 15 entidades federativas. Participa en la economía nacional de manera importante, manteniendo una aportación al producto interno bruto nacional por arriba del 0.5%, lo que corresponde en promedio de los últimos años al 12.5% del producto generado por el sector alimentario. En el mismo sentido FIRA (1997) sostiene que la agroindustria contribuye a la integración de polos de desarrollo socioeconómico con derramas de dinero que permiten el surgimiento de negocios colaterales y ocupación indirecta. Es a la vez consumidor de bienes y servicios y proveedor de azúcar, mieles y alcohol. El azúcar satisface una necesidad de consumo básico de las personas a través del consumo directo (doméstico) y de la industria a través del consumo indirecto. De acuerdo con el consumo per cápita de la población mexicana (48 kg. en 1993), el azúcar proporciona el 19% del total de calorías que la FAO recomienda consumir en una dieta de una persona de actividad moderada. (García-Chávez, 1997). Diversos países de la región buscan fortalecer sus sectores cañeros y azucareros, protegiendo a la industria de altos costos y evitando la quiebra cuando los precios son muy bajos; con precios muy altos los países buscan apoyo del Estado para una autosuficiencia de elevados costos. Esa realidad hace, sin duda, difíciles los cambios necesarios que amplíen los volúmenes comercializados de azúcar en el mercado libre. Cultivar la caña de azúcar con el único objeto de producir azúcar y vender la melaza es dar la espalda a la realidad de la globalización de la economía y a la fuerte competencia derivada de ella, así como ignorar el enorme valor energético de la caña de azúcar. El intento de conservar el sector cañero en el modelo azucarero tradicional es extremadamente arriesgado, tanto a nivel empresarial como a nivel de estado. La diversificación se vislumbra entonces como la única forma de reducción de los costos de la materia prima y de sustentación para la agroindustria de la caña de azúcar.