La crisis económica en México: 1976-12002 ¿Sustento para una revalorización del sector agrícola?
Date
2003-07
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Publisher
Benemérita Uviersidad Autónoma de Puebla
Abstract
Al finalizar el siglo XX, el modelo de desarrollo hegemónico del capitalismo-liberalismo-democracia ha dejado a los países atrasados en condiciones de severo subdesarrollo. Mientras las potencias del norte prosperan, las naciones del sur enfrentan niveles de vida hasta 50 veces inferiores, deuda externa, desempleo y estancamiento inflacionario. El discurso dominante atribuye estos males a factores internos como la geografía o la calidad laboral, ignorando los elementos coyunturales de las relaciones comerciales externas. Acorde con esta orientación, la disciplina económica se ha especializado en servir a los intereses de la clase empresarial, privilegiando la eficiencia instrumental sobre la justicia social. Sin embargo, las crisis recurrentes del sistema capitalista afectan principalmente a las clases más necesitadas, exigiendo una readecuación urgente del modelo económico actual. En este contexto, el sector agrícola emerge como un elemento minimizado que ha servido históricamente para amortiguar las consecuencias inmediatas de las crisis financieras. La importancia de la tierra es indiscutible, habiendo soportado la subsistencia humana durante al menos el 75% de los últimos veinte siglos de historia. A pesar de esto, las teorías modernas, desde el mercantilismo hasta la fisiocracia, se han enfocado más en acelerar la acumulación que en el bienestar social. El presente trabajo intenta demostrar la ineficacia del modelo dominante en México analizando las crisis ocurridas entre 1976 y el año 2002. Se pretende plasmar la necesidad de revalorar el papel del campo, mostrando su inviabilidad bajo la lógica actual pero su potencial como eje de superación social. Siguiendo a Hobbes, se argumenta que el límite del control estatal es el respeto a la vida y los medios de subsistencia de sus integrantes. Los costos sociales del neoliberalismo atentan contra este principio básico, obligando a replantear los compromisos internacionales que asfixian a la producción nacional. Finalmente, el análisis busca rescatar la aportación de la economía a la solución de problemas humanos fundamentales como el hambre y la pobreza rural. Se concluye que la revalorización del sector agrícola no es solo una opción económica, sino un imperativo ético para la soberanía del país.