Confianza y profesionalización de la organización electoral en México
Date
2016-06
Authors
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Publisher
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Abstract
Existe un abanico de posibilidades en torno a la estructura y funciones que una institución organizadora de elecciones puede adoptar. Una de las variables más importantes que definen dicha estructura institucional es la confianza de la ciudadanía y los actores políticos en las instituciones ordinarias de gobierno, es decir, si éstas cuentan con la neutralidad suficiente para dirigir y vigilar las elecciones sin favorecer o perjudicar a un candidato o partido político cualquiera. El caso mexicano se configuró de tal forma que pudiese contrarrestar una amplia tradición de fraude electoral que tuvo su auge durante la época en que el PRI se erigió como partido hegemónico. El presente trabajo pretende estudiar la forma en que el modelo autónomo y ciudadano adoptado por México desprende una serie de complicaciones que a su vez deben ser resueltas por la ciudadanía, su involucramiento y profesionalización en los procesos electorales. De esta forma se establece que en un ambiente electoral sumamente competitivo los organismos electorales se ponen a prueba en su estructura y capacidades (la elección presidencial del 2006 es un ejemplo claro de este fenómeno), en estos casos se vuelve fundamental la necesidad de disminuir los errores en las funciones electorales al mínimo. Es entonces cuando la ciudadanización de los organismos electorales se convierte en un arma de doble filo: por una parte desvanece la posibilidad de que el Estado u otros actores políticos influyan tendenciosamente en los resultados electorales, pero al mismo tiempo implica inexperiencia y poca profesionalización de los cargos de función electoral en la base de la pirámide organizativa del Instituto Nacional Electoral, que a su vez puede derivar en errores numéricos dentro de las casillas que impactan en el resultado de la elección, creando indirectamente un ambiente de desconfianza en el proceso electoral. En este contexto se vuelve primordial que la ciudadanía se involucre en un mayor grado en la organización de los procesos electorales en especial en las mesas directivas de casilla. Mas no existen incentivos suficientes para que la ciudadanía se envuelva en las tareas electorales que le corresponden cívicamente. El impulso democrático con el que nació y funcionó el IFE fue por varios años, la única motivación que la ciudadanía necesitó para comprometerse con sus responsabilidades electorales. Posteriormente, el desgaste institucional producto de una serie de errores en las elecciones conllevaron también a un desencanto de la ciudadanía al cargo de funcionario de casilla.
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